Somos buenos críticos pero pésimos autocríticos. El valor de la #Autocrítica

Autocrítica

El mes pasado se celebró el festival de la canción de Eurovisión. España quedó en la última posición y, como suele ocurrir en estos casos, las chanzas y los memes no tardaron en aparecer en los grupos de Whatsapp tras el famoso gallo (desafinado) que se le escapó al representante español –Manel– al final de la actuación.

Hago referencia a ello porque me llamó la atención algo que Manel dijo en su comparecencia posterior ante los medios.

Un periodista le pregunta: ¿Qué autocrítica haces tras quedar en el último puesto?

Y él concluye su repuesta diciendo… “Autocrítica, ninguna.

Acto seguido, los periodistas se dirigen a la Jefa de la delegación española para preguntarle si habrá cambios en TVE tras los malos resultados de los últimos años, y aunque la pregunta no va dirigida al cantante, él la interrumpe queriendo echarle un capote y dice: «Tampoco creo que los malos resultados sean culpa de Televisión Española. Ahí lo dejo, que cada uno haga autocrítica, y ahí lo lleváis.»

¡Toma ya! Consejos vendo que para mí no tengo.

Imagino que su respuesta evasiva fue un mecanismo de defensa ante una realidad inesperada, incómoda y difícil de asumir, pero la audiencia (y me incluyo) hubiera agradecido una mayor reflexión por su parte.

La autocrítica es mentalmente saludable, nos mantiene con los pies en la tierra y nos prepara para la vida. Y además es indispensable para la mejora personal.

Sin embargo la autocrítica puede ser un arma de doble filo.

Llevada a su máxima expresión el comportamiento deja de ser sano y pasa a ser una acción de autosabotaje. Por ejemplo cuando nos recriminamos por cada fallo cometido, cuando nos sentimos culpables al no conseguir alguna meta, o nos comparamos con los demás en plan masoquista. Este tipo de comportamientos –cuando son repetitivos– estancan el crecimiento personal y puesto que tienen un componente obsesivo, mejor lo dejamos para las webs y blogs de psicología.

En este espacio sólo nos interesa el aspecto positivo y práctico de la autocrítica.

Hacer autocrítica útil es reflexionar sobre sí mismo para seguir creciendo. Supone auto evaluarse, reconocer los errores (también los aciertos), aceptarlos, sacar conclusiones y aprender de la experiencia. En dos palabras: Conocerse Mejor.

Dice el maestro Dale Canergie que si tienes una visión excesivamente inflada sobre ti mismo, creerás que has alcanzado la perfección y entonces será el principio del fin, porque dejarás de esforzarte por seguir mejorando.

Resumiendo, la autocrítica es eficaz pero también peligrosa. Con moderación funciona justo para estimular la mejora, pero demasiada puede arruinar la autoestima.

¿Por qué hacer autocrítica es una práctica imprescindible para los mandos medios?  

porque si valoras tu propio progreso y quieres aprovechar todo tu potencial, necesitas aprender a criticarte a ti mismo. Ganarás en seguridad y en objetividad.

porque tu propia opinión personal es mucho más importante que ninguna otra. Nadie puede evaluarte tan bien como tú, siempre y cuando no dejes que tu ego sea un obstáculo y seas 100% sincero contigo mismo.

porque cuanto más arriba estés en la escalera corporativa, la necesidad de autocrítica es mayor.

Hay muchos gerentes y mandos medios que no tienen la suerte de contar en sus equipos con colaboradores que les ofrezcan feedback de calidad; cuando esto ocurre, la autocrítica es el único recurso que les queda para protegerse de la autocomplacencia y del exceso de confianza.

¿Sabes lo que opina Rafa Nadal sobre este punto? En una entrevista comentó:

Creo que he sido una persona, y aún lo soy, con una autocrítica correcta. Me ha llevado a mejorar siempre y he tenido la suerte de contar con este entorno. La gente que ha estado a mi lado siempre me ha dicho lo que pensaba, y en ese caso he sido lo suficientemente inteligente y humilde como para dejarme asesorar y valorar un consejo, o cuando algo estaba mal, escuchar y aceptar. Muchas veces cuando alguien está muy arriba la gente que está alrededor del deportista no se atreve a decirle las cosas que hace mal. Y ese nunca ha sido mi caso.

Mi equipo tiene total libertad para decirme las cosas a la cara. Cuando las hago bien y cuando las hago mal. Si no fuera así, sentiría una gran decepción. Y nunca he despedido a nadie. La autocrítica es vital a la hora de mantener un grupo de trabajo. (Rafael Nadal)

 porque las limitaciones personales siguen existiendo aunque se ignoren o no se quieran ver.

porque hacer autocrítica es ir un paso por delante de los demás. Estarás mejor preparado para aceptar el feedback de los demás y también más receptivo a escuchar nuevas ideas y otras opiniones.

El poder de la autocrítica del líder

 

porque cuando (con humildad) reconoces los errores, tu credibilidad aumenta.

¿Recuerdas la polémica que hubo cuando el Rey Juan Carlos se rompió la cadera en su viaje de caza a Botsuana? Tras la operación al ser dado de alta dijo las famosas palabras: «Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir.» Aquel momento supuso un punto de inflexión. Reconocer su error públicamente y pedir disculpas hizo que las críticas disminuyeran.

Todavía hay mandos medios que piensan que reconocer los errores cometidos les debilita ante el equipo. Yo no lo creo así. Me merece mayor confianza y respeto un Gerente que admita que se ha equivocado a otro que oculte su error (y lo que es peor, que se lo adjudique a otro).

Y para finalizar, te dejo una historia para reflexionar sobre la forma en que ejercemos nuestra capacidad de crítica.

Cómo criticamos a los demás

Puedes imaginar la moraleja: Es muy fácil Criticar, pero no tanto Mejorar.

“Nuestra Crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.”  Jules Renard  (1864-1910) Escritor francés

En cualquier cosa que hagas siempre habrá gente a la que no le guste. Unos sólo critican, y otros dan feedback de calidad ofreciendo valor y ayudando al equipo a hacer mejor su trabajo.  ¿Dónde te posicionas tú?

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Crédito imagenes:  Ricky Willis - SkintDad.co.uk y Jean Louis Mazieres/ Flickr

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