Despedidos por el (mal) uso de las redes sociales. Casos reales.

Redes sociales

Cada cierto tiempo aparecen noticias en los medios de comunicación sobre gente que pierde el puesto de trabajo a consecuencia de su comportamiento en redes sociales.

Puede parecer una obviedad decir que hay que tener cuidado con el contenido que se divulga en los medios sociales, y que por una insensatez (por decirlo suavemente) puedes perder una oportunidad de trabajo, una promoción laboral, incluso algo mucho más valioso como es la propia reputación. Pero no por obvio está de más decirlo, porque cada vez son más las empresas que tienen tolerancia cero hacia este tipo de conductas.

En el pasado mes de septiembre sin ir más lejos hemos conocido dos nuevos casos. Ambos han tenido el mismo resultado: despido fulminante.

Acciones que se vuelven contra uno mismo.

El primero ha tenido lugar en la ciudad de Newton, Carolina del Norte (USA). Una empleada que trabajaba como cuidadora en una residencia de mayores hizo con su teléfono móvil una fotografía en la que se veía a uno de los residentes utilizando el inodoro. Más tarde publicó la imagen en su cuenta de Snapchat. En ella aparecían otras dos cuidadoras que también fueron despedidas por no denunciarlo ni impedirlo en aquel momento. Aparte de que la imagen atenta contra la dignidad de la persona, lo que hace que este caso sea particularmente odioso es que la mujer fotografiada es una persona mayor, indefensa y enferma de Alzheimer.

El segundo caso ha ocurrido en Atlanta hace unas pocas semanas. Un empleado se hizo un selfie en la oficina junto a un niño de raza negra de unos 3-4 años. El niño era el hijo de una compañera de trabajo (ahora ya ex compañera). La foto no tenía mayor importancia hasta que la publicó en Facebook y comenzaron los comentarios y bromas racistas sobre el niño.

Comentario-racista

Una vez que haces algo así, de poco o nada sirve decir que lo sientes, que las imágenes o los comentarios se han sacado de contexto y que te sientes una víctima por las implicaciones laborales y las críticas recibidas por el público. Es más, puede que ni siquiera tengas la oportunidad de aclarar las cosas si es que hay algo que explicar.

Normalmente estos y otros casos similares ocurren porque la gente no dedica ni un segundo a pensar si el contenido que se dispone a publicar puede resultar humillante, insultante o injurioso para otra persona o colectivo. Una buena dosis de sentido común debería bastar para no meter la pata, y tampoco está de más revisar el código de conducta/ético que rige en cada Organización para asegurarse de no hacer algo que luego pueda traer amargas consecuencias.

De un tiempo a esta parte se habla mucho de la influencia de las redes sociales en las decisiones de contratación y despido. Las siguientes cifras, extraídas de encuestas realizadas en EEUU, nos dan una idea de la dimensión del problema:

Como media los empleados pasan una hora al día en las redes sociales (con fines particulares) mientras están en el trabajo. El 60% de los amigos de Facebook son antiguos o actuales compañeros de trabajo. Y ¼ parte son también amigos de su jefe.

93% de los reclutadores investigan los perfiles sociales de los candidatos antes de programar una entrevista o hacer una oferta de trabajo en firme.

43% de los reclutadores han cambiado de opinión en alguna ocasión teniendo en cuenta lo que encontraron.

El 8% de las Organizaciones han despedido al menos a un empleado por su (mal) comportamiento en los medios de comunicación social.

Respecto a las fotografías que la gente cuelga en la red (en situación comprometida o no), la empresa puede usarlas perfectamente como prueba para un despido. La única condición es que la información esté abierta a todo el mundo -acceso público- y se acredite que existe mala fe contractual por parte del trabajador. Ya hay sentencias en las que se han admitido como prueba fotos subidas a Facebook por parte de un empleado pasando el día en un parque de atracciones, acudiendo a despedidas de soltero o saliendo a cenar y a bailar cuando se suponía que debía estar de reposo por baja médica. Da igual quién suba las fotografías, puedes ser tú mismo o un amigo, lo importante es que apareces en ellas haciendo una actividad totalmente normal y saltándote a la torera la prescripción médica. Simular una enfermedad es una clara «transgresiones de la buena fe contractual» y sería raro que en estas circunstancias algún juez/tribunal diera la razón al trabajador.

¿Hasta qué punto una Organización puede sentirse perjudicada por un comentario particular que expresa un empleado en su cuenta personal?

No hay casos iguales ni reglas únicas. Quizá la línea roja se cruce en el momento en que la audiencia mete en el mismo saco a unos y otros, o cuando al mencionar el nombre de la empresa el público evoca inconscientemente ese (mal) comportamiento que un día cometió uno de los empleados.

Un ejemplo.

Todos sabemos que la marca de automóviles KIA es patrocinador oficial de Rafa Nadal. Bien, supón que trabajas como jefe de taller en un concesionario Kia. Y un buen día publicas un tuit mostrando tu apoyo al rival de Rafa en la final de un Grand Slam o dices que el competidor X se lo va a comer con patatas porque Rafa está bajo de forma. ¿Crees que algo así perjudica a la marca?

Soy de la opinión de que la audiencia es sabia, que sabe discriminar y reconoce perfectamente cuándo un comentario es particular y no representa a la empresa. Sin embargo, tenemos tendencia a mezclar las cosas y a algunas personas les puede chirriar que no haya cierta coherencia entre la vida privada y la profesional. Mucha gente podría pensar que se trata de un comentario inocente pero la empresa podría interpretarlo de manera muy distinta y entender que sí le perjudica. Tu criterio es sólo tuyo, y no tiene por qué coincidir con el de los demás.

Despdido por decir en facebook que quería casarse con su perrofacebookDe la misma manera que tu concepto de broma puede ser muy distinto al de tu jefe.

Esto mismo le ocurrió a la persona que ves en la imagen. Publicó esta foto en Facebook abrazando a su perro y escribió: «Amo a mi perro Rocco y él me ama, espero que algún día podamos casarnos».

Su despido no se hizo esperar. Todo aquello coincidió en el tiempo con la aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos y el comentario se entendió como una mofa al colectivo homosexual. Ambos tenían criterios muy distintos sobre el humor.

Así que… cuidadín, si quieres conservar tu empleo piénsatelo dos veces antes de hacer comentarios ofensivos de tipo sexista o racista, evita quejarte y hablar mal de jefes y compañeros o decir lo insatisfecho que te sientes en tu puesto de trabajo. Tampoco desveles información que la empresa aún no ha comunicado de manera oficial, trata de no escribir de forma descuidada con faltas de ortografía y errores gramaticales y sobre todo no uses las redes sociales cuando deberías estar trabajando.

Todos llevamos un censor dentro. Se llama sentido común. Úsalo bien.

Si te ha gustado compártelo en tus redes sociales. ¡Gracias!

Fuente imágenes: Facebook

3 comentarios

  • Hola Pilar
    Está muy bien este post.
    Si nos paramos a pensar, la verdad es que la mayoría de cosas que publicamos en internet nos pueden traer, objetivamente, más perjuicios que beneficios. ¿Qué gana un señor “normal” haciéndose un selfie y publicándolo? Nada. ¿Y exponiendo una opinión sobre el matrimonio homosexual? Nada. Ofrecen información de si mismos sin ser necesario y se exponen a discriminaciones y perjuicios como les ha ocurrido a los de tus ejemplos.
    Aun así, las personas necesitamos expresar nuestra opinión públicamente o entre amigos pues es indispensable para el desarrollo de nuestra personalidad y al fin y al cabo es un derecho fundamental relacionado con nuestra dignidad.
    Mi política al respecto es clara: no opino de cosas sensibles si no es mediante el anonimato. No publico contenido que no sea imprescindible o inocuo. Cuido la configuración de privacidad en las redes sociales.
    Un saludo
    Antonio

    • Hola Antonio:

      Muchas gracias por comentar.

      En este post me he ceñido a tres o cuatro ejemplos para no alargarlo demasiado, pero en internet se pueden encontrar infinidad de casos que tuvieron las mismas consecuencias. Es mucho más común de lo que pensamos. En cuanto a lo que dices, soy de la misma opinión. Temas sensibles como religión, política y similares es mejor dejarlos para el ámbito privado.

      Un abrazo,
      Pilar

  • Juan José Blanco

    Hay que diferenciar en cualquier caso el derecho de un trabajador a criticar las cosas que considera no se están haciendo bien en su empresa con lo que ya podría entrar más bien en el campo de las injurias personales. La primera conducta no suele ser causa de despido procedente, pero la segunda si podría llegar a serlo.

    http://www.laboralistas.accionlegal.net/especialistas_despido_objetivo.html

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