Las medidas impopulares en la gestión de equipos.

Decisiones impopulares

Si tienes cierta responsabilidad en la gestión de personas habrás comprobado que no todas las decisiones que tomas tienen buena acogida. Así que doy por hecho que en más de una ocasión habrás sido portador de malas noticias.

Porque por mucho que un líder persiga la armonía y la buena relación con sus colaboradores, llegado el momento tiene que echarle valor y tomar decisiones incómodas e impopulares.

La finalidad de este post es repasar nuestros comportamientos ante esas situaciones. Las tentaciones que se nos pasan por la cabeza. Los errores que cometemos. La forma de comunicar esas medidas que sabemos de antemano que molestarán profundamente al equipo. Y sobre todo, cómo podemos explicarlas para suavizar en la medida de lo posible su impacto negativo.

Si bien los despidos, las reducciones de personal y los recortes salariales se incluyen dentro de la categoría de decisiones impopulares, en este post nos centraremos en medidas no tan drásticas, sino otras mucho más corrientes y cotidianas pero igualmente controvertidas.

DECISIONES que tomas y que no gustan por las razones que sean.

Precisando un poco sería el caso en el que tienes que elegir entre una persona u otra, dar un ultimátum para terminar con alguna práctica muy consolidada, que te veas obligado a asignar nuevas tareas que supongan más carga de trabajo y menos tiempo libre, adjudicar funciones que nadie desea hacer, dar feedback negativo o suprimir beneficios de la noche a la mañana.

Puntualizo esto último.

Por suprimir beneficios no me refiero a la anulación de derechos ya adquiridos, sino a la eliminación de ventajas o privilegios que de alguna manera se han estado disfrutando durante mucho tiempo y que de pronto desaparecen.

Dos ejemplos muy claros.

En el primero podría estar en juego la codiciada plaza de aparcamiento en el lugar de trabajo. Para aquellos empleados que disfrutan de la comodidad de aparcar su vehículo en el parking de la Empresa, medida impopular sería verse privado de ella ante un cambio en el modo de asignarlas. Y otro ejemplo sería la prohibición de que los empleados coman en un espacio habilitado por la Empresa cuando antes sí estaba permitido hacerlo.

Ya conoces el dicho: uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde.

Emociones ante decisiones impopulares

Créditos imagen: Rob Lewine/Corbis

Hablemos un poco de las EMOCIONES que afloran.

Las medidas impopulares van de la mano de ciertas dosis de incredulidad, desconcierto, indignación, cabreo e incluso resistencia. Así que prepárate para recibir quejas.

Que ya no puedan disponer del aparcamiento gratuito de la Empresa puede que les suponga poner el despertador una hora antes para acudir en transporte público al lugar de trabajo. O que destinar 9€ diarios para tomar un menú en los restaurantes de la zona le suponga una merma económica importante. Por tanto, recibe con empatía esas emociones. Todas ellas son perfectamente lógicas y normales.

Vista la reacción de los demás hasta se te podría pasar por la cabeza el dar marcha atrás. Poner el grito en el cielo también es un intento de influir en ti. Ármate de paciencia y aguanta un poco la presión. Si estás convencido de que esa decisión contribuye al crecimiento de la Empresa, a modernizarla, a mejorar los resultados, dar un mejor servicio, corregir errores de procedimiento y a terminar con prácticas improductivas, sigue adelante con ella.

Otra cosa es que tras la batería de argumentos que recibirás en contra descubras que se trata de una decisión equivocada. Pero esa ya es otra historia.

¿Recuerdas la decisión que adoptó hace dos años Marissa Mayer (CEO de Yahoo)? Suprimió el trabajo de forma remota, lo que supuso que todos los empleados que trabajaban desde su domicilio tuvieran que volver a la oficina. Desde luego no fue una decisión que hiciera la vida más fácil a sus trabajadores, pero a pesar de su impopularidad, M. Mayer consideró que contribuiría a aumentar la interactividad, la conectividad y, sobre todo, la innovación. Esas fueron sus palabras. Y a pesar de las críticas hizo lo que creyó más correcto.

En cuanto a los  ERRORES que cometemos el principal es llegar a pensar que la decisión está equivocada basándose exclusivamente en la reacción y el descontento de los demás. Otro error es evitar tomar medidas impopulares con la intención de ahorrarles disgustos a los colaboradores para que no se desmotiven. O también dejar pasar la oportunidad de proponer cambios para no vivir el conflicto que ello podría provocar.

Si en algún momento te encuentras en esa situación de incertidumbre piensa que después de la tormenta siempre viene la calma. O así debería ser. La mayoría de la gente no guarda un rencor prolongado y a pesar de las protestas iniciales, lo que hoy se ve como una medida inaceptable mañana se termina asumiendo como algo normal.

Y llegamos al punto de  CÓMO COMUNICAR esas medidas impopulares.

Mensaje claro. Con confianza. Compartiendo preocupaciones. Con empatía. Siendo consciente de las dificultades que implican esos cambios inminentes. No echando la culpa a la Empresa o a un ente indefinido para que parezca que no has tenido nada que ver en esas decisiones (cuando sí has participado).

Razonando cada medida. Siendo transparente. Haciéndoles saber que no se toma por capricho, sino explicando los motivos y respondiendo a todas las preocupaciones de forma rápida y directa. Y cuando no sea posible compartir la información, explicando por qué no puedes decir más de lo que ya dices.

Importante también es ayudarles a ver los beneficios a largo plazo presentando el tema desde la perspectiva más positiva posible. Y por último, haciéndolo cara a cara. No escondiéndose detrás de un email.

Dejo una pregunta para reflexionar y que vale para cualquier ámbito de la vida, no solo el laboral.

¿Cuántas decisiones que a la larga serían positivas no llegan a ver la luz por miedo a la reacción de los demás?

Si te ha gustado, compártelo. ¡Gracias!

Créditos imagen: Rick Becker-Leckrone/ Corbis

2 comentarios

  • Me ha encantado el post, muchas veces nos vemos en situaciones como estas y siempre nos entran remordimientos si tenemos que decirlas o las acabamos no diciendo por miedo a disgustar, mas las mujeres que los hombres, creo yo. Me gustaría conocer tu punto de vista a como decir NO a los subordinados, porque muchas veces decir un no cuesta mucho y nos complica la vida no saber decirlo.
    Un saludo y gracias por tu Blog!

    • Hola Magda:

      Muchísimas gracias por tu comentario. Me encanta saber que te ha hecho reflexionar.

      Dices que complica la vida…¡Y tanto! Especialmente cuando lo que pide el colaborador es razonable.

      Yo creo que los “Noes” se aceptan mucho mejor cuando las cosas se dicen claras, con firmeza y dando una razón. También ayuda que ellos perciban que se les escucha y comprende, porque a veces tendemos a decir No sin esperar a que hayan terminado de contar su propuesta. En cualquier caso no tengas miedo a establecer reglas, es algo en lo que puedes apoyarte y te servirá para prevenir futuros problemas.

      La técnica del sandwich adaptándola a cada situación concreta puede ser interesante. La puedes encontrar aquí. http://elblogdelmandointermedio.com/2013/04/23/como-dar-feedback-negativo-sin-tensiones/ Es algo así como: “Es una idea genial, sin embargo…” o “Entiendo que te moleste, me gustaría darte otra respuesta… no te puedo dar X, pero te puedo dar Y…”

      En fin, espero que te sirva de inspiración ese otro post. 😉

      Un abrazo!

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