¿Y dices que no tienes favoritos? Tu manera de actuar te delata.

Preferir a uno sobre otro es una constante en todas las relaciones

Cada cierto tiempo surgen estudios y encuestas en los que se pregunta a los empleados acerca de los comportamientos que desaprueban en sus jefes.

En los resultados siempre aparece un comportamiento que tiene caracter fijo en el top 10 de las conductas más censurables.

A ver si adivinas de cuál se trata a través de este chiste que caricaturiza esa forma de actuar.

Dice así:

El Dueño de una empresa reunió a todos los empleados para presentar oficialmente al nuevo Director General recién elegido.

«Este es un gran día.» —comenzó diciendo en su discurso— «Hace apenas tres meses que llegó a la Empresa como un empleado más para trabajar en el Departamento de Administración, y dos semanas después ascendió a vendedor. Debido a su brillante trabajo, al mes siguiente ya era Gerente de ventas y hoy, señores, lo nombro Director General de la Empresa. Sin duda, una valiosa persona con una trayectoria impecable.»

El homenajeado estaba tan emocionado que sólo pudo decir dos palabras:

–¡Gracias papá!

 

Lo adivinaste. Se trata de mostrar favoritismo en favor de ciertos empleados ignorando a otros. También llamado Nepotismo.

Las preferencias existen.

¿Estás de acuerdo con la siguiente declaración?

«El 95% de los padres tiene un hijo preferido y el 5% restante miente.» Jeffrey Klugger, en su libro The Sibling effect.

En un estudio realizado a madres con edades comprendidas entre 60 y 70 años, cuando se les preguntó si tenían un hijo favorito la inmensa mayoría lo negó, afirmaban no haber favorecido a ninguno en particular y dijeron querer a todos sus hijos por igual.

Sin embargo, cuando se consultó a los hijos –todos mayores de 40 años– la percepción era bien distinta. Un amplio porcentaje afirmaba que su madre sí tenía un preferido y consideraban que efectivamente existía cierto favoritismo bien en su favor o en el de otros hermanos.

Mostrando favoritismo¿A quién creer entonces?

¿Cómo es posible que la misma vivencia se perciba de formas tan diferentes?

Los expertos en el tema dicen que tener un favorito es un sentimiento normal y natural, y que preferir a uno sobre otro es una constante en todas las relaciones.

Las relaciones laborales no son una excepción.

Al igual que esas madres que no eran conscientes que concentraban la atención en un hijo más que en otro, hay muchos jefes, gerentes y mandos intermedios que aunque crean que no tienen favoritos, en realidad puede que sí los tengan y su manera de actuar les esté delatando.

El favoritismo sutil.

Desde niños ya mostramos preferencias. Comenzamos con los juguetes, los padres, y luego vienen los amigos, la comida, la familia… El secreto está en tener claros los límites, y saber reconocer cuándo un determinado comportamiento pasa de ser justo a ser injusto, de ser razonable a absurdo o de acertado a imprudente.

Si la intensidad del favoritismo la pudiéramos medir con los colores de un semáforo, en la zona roja estarían los comportamientos más descarados. Casos en los que se promociona o asignan proyectos a amiguetes sin que haya factores objetivos que sustenten esa decisión. Hay quien sugiere en estos casos protestar, señalar la parcialidad del jefe o cuestionar la idoneidad del favorito pero yo no lo aconsejo. No veo que pueda dar resultado para revertir la situación y sí traer malas consecuencias. Sé paciente, nada dura para siempre.

En la zona ámbar se sitúa un favoritismo mucho más sutil.

Más difícil de reconocer y por tanto fácil de cometer. Puede que tú mismo estés incurriendo en ello sin saberlo.

Si pasas mucho más tiempo con unos que con otros. Si demuestras un comportamiento más cariñoso y cercano con ciertos miembros del equipo. Si habitualmente vas a tomar café o a comer con los mismos colaboradores ignorando a otros que también están al mismo nivel de jerarquía, entiende que los demás puedan llegar a pensar que sí tienes favoritos.

la expresión del favoritismo

Si de pronto has caído en la cuenta de que estás instalado en esta zona ámbar, cambia la rutina, comparte también tu tiempo con otras personas o delega las tareas de manera diferente de vez en cuando. No concentres tu atención en una, dos o tres personas dejando al margen a otros colaboradores que también dependen de ti.

Si piensas dar autoridad a cierto/s colaborador/es informa al resto del equipo y justifícalo enfocándote en la actitud o en el comportamiento que manifiesta, no en su persona o por ser quien es.

En la piel del favorito.

Poniéndome en la piel del favorito pensaría que si soy el protegido es porque me lo he ganado.

Creería que si el jefe me avala y apoya es porque he trabajado más y mejor que otros. Entendería su apoyo como un reconocimiento bien merecido, porque hago cosas que otros no hacen, porque sugiero soluciones por cada problema que le presento, porque emocionalmente conectamos bien y porque le hago la vida más fácil.

Pensaría yo no tengo la culpa de ser el VIP y que si los demás quieren entrar en el club se lo tendrían que currar más.

Poniéndome en la piel del VIP me sentiría halagado por ser de los pocos elegidos que almuerzan con el jefe día sí y día también, porque solicita mi presencia en alguna reunión de superior jerarquía cuando no es el proceder habitual, e incluso me sentiría halagado porque comparte conmigo cierta información antes que con ningún otro miembro del equipo.

Y sin embargo, poniéndome en la piel del VIP cada vez me sentiría más excluido del grupo, sería el centro del resentimiento por parte de algunos compañeros y mis méritos (por muy legítimos que fueran) se pondrían en duda.

De pronto ya no es tan apetecible ser el VIP.

Si bien es cierto que le corresponde al jefe procurar que todos tengan las mismas oportunidades, cuando eso no ocurre piensa que tu situación privilegiada de hoy mañana puede cambiar. Lo más sensato: No exprimir la naranja siguiéndole el juego al jefe y Sí  hacer lo que esté en tu mano para minimizar las consecuencias del favoritismo.

Por ejemplo, sugiérele otros nombres para hacer cosas que siempre te encarga a ti, proponle compartir algún proyecto con otro compañero explicando que así saldrá mejor o desvía el punto de mira en favor de los demás para que haya más comunicación con todos. Ya ves que dentro de tus posibilidades puedes hacer mucho.

Ya seas el VIP, el que lo protege o el que sufre la situación recuerda que en este juego no hay ganadores. Todos pierden.

Si te ha gustado compártelo en tus redes sociales. ¡Gracias!

Crédito imágenes: M. Dolly/Flickr y Ramsey Beyer/Flickr

2 comentarios

  • Juan Carlos

    La verdad que este post me hizo recordar las frecuentes acciones que he visto en mis años como empleado, de como los directivos y encargados abusan de su autoridad. Excelente post, ya lo compartí en Google Plus.

    Un abrazo.

    • Muchas gracias Juan Carlos.

      Creo que todos de una manera u otra hemos vivido experiencias de ese tipo. Desde la perspectiva del manager es importante reconocerlo a tiempo y ponerle fin, especialmente el favoritismo más sutil.

      ¡Un abrazo!

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