Estilo de liderazgo directivo. Cómo y cuando dar órdenes sin que te odien.

liderazgo autoritario. Steve Jobs

Como lo prometido es deuda, vamos con el segundo post sobre estilos de liderazgo.

Este mes le toca el turno al liderazgo directivo o autoritario. Un estilo con muy mala prensa que ha caído en desgracia dentro de las Organizaciones puesto que se le considera una forma de dirigir más propia del pasado y poco adecuada para los tiempos que vivimos.

Basta ver las connotaciones negativas que suscita (el control absoluto, la autoridad, el poder sobre el equipo) para entender por qué los gerentes y mandos intermedios evitan dirigir así y se decantan por otras formas más gratas y amables.

Uno de los personajes más famosos del mundo corporativo al que se asocia con el estilo directivo es a Steve Jobs.

Reconozco que cuando vi por primera vez la película que se hizo sobre él «JOBS») me sorprendió muchísimo el autoritarismo que parecía ejercer sobre sus colaboradores. Ignoro si esa faceta de Jobs es totalmente fiel a la realidad, aunque por lo mucho que se ha escrito y dicho sobre él, sí es probable que tuviera sus momentos de tiranía con el equipo.

Aún sabiendo que en ocasiones su estilo de dirección no se ajustó al comportamiento que esperamos en un buen gestor de personas, de lo que estoy convencida es que si Steve Jobs no hubiera sido un verdadero pesado con los detalles, si no se hubiera exigido al máximo a sí mismo y a los demás, no se hubiera involucrado en todos los procesos como lo hizo y no hubiera controlado todo y a todos… los productos de Apple hoy no serían como los conocemos.

Las dos caras del liderazgo autoritario.

Se podría decir que el estilo directivo tiene un rostro bueno y otro malo: un Dr. Jekyll y Mr. Hyde reunidos en la misma persona.

Dependiendo de cuál de los dos se muestre, puede resultar muy eficaz para que los colaboradores rindan a un alto nivel o ser el mayor de los infiernos para muchos de ellos.

La cara buena la exhibe un Dr. Jekyll que centraliza la toma de decisiones, tiene control absoluto sobre sus trabajadores o equipo, no delega, y dice a sus subordinados qué tienen que hacer y cómo quiere que se hagan las cosas.

Pensarás… ¡Ups, lapsus! Ha escrito “buena” donde tendría que haber dicho “mala”. Pero no, no me he equivocado. Existen situaciones y momentos en los que actuar de esta manera es totalmente apropiado. Incluso beneficioso.

Por el contrario, la cara malévola la exterioriza el Mr. Hyde que se deja llevar por el ego, que recurre a la manipulación y a las amenazas para lograr que las cosas se hagan y que no duda en levantar la voz y dar órdenes empleando un lenguaje despectivo y sarcástico.

El poder es como un explosivo, o se maneja con cuidado o estalla.

Situaciones apropiadas para ejercer un liderazgo directivo.

Es verdad que hoy día no se fomenta en absoluto el estilo directivo. Y sin embargo, es altamente recomendable en determinados momentos y circunstancias como estas:

  • Desafíos a la autoridad del líder.
  • Cuando las consecuencias que tendría cometer un error podrían ser fatales para la empresa.
  • Colaboradores recién incorporados que tienen menos conocimientos y experiencia y no saben cómo llevar a cabo determinadas tareas.
  • Empleados que por cualquier motivo les falta confianza para hacer alguna tarea y se sienten inseguros.
  • Organizaciones en estado de cambio constante, sometidas a novedades y acontecimientos que requiere tomar decisiones rápidas sin tiempo para consultar al equipo. Y también en situaciones de emergencia en las que haya que dar instrucciones claras y decir exactamente qué hacer.
  • Cuando la productividad o el rendimiento de un empleado es bajo y no ha respondido a otros estilos de liderazgo.

Dejando a un lado unos cuantos prejuicios, en algunas de las situaciones mencionadas una supervisión regular y frecuente es lo más acertado. Ahora bien, el estilo directivo tiene una limitación, y es que no se debe prolongar en el tiempo. En cuanto dichas situaciones se restablecen y normalizan habría que recurrir a otros estilos de liderazgo. Por lo tanto, utilizarlo porque hay una necesidad real, sí; pero no de manera deliberada y sin ninguna razón aparente.

Respetar para que te respeten.

El comportamiento y la actitud del líder juegan un papel muy importante cuando se actúa de esta manera. La prudencia siempre debe estar presente. De lo contrario Mr. Hyde puede asomar la cabeza.

¿De qué manera?

Cuando quien ostenta la autoridad cree que su posición le otorga el derecho a dar órdenes de cualquier manera y lo utiliza como la excusa perfecta para increpar, atemorizar al equipo y utilizar un lenguaje insultante cuando alguien no cumple las reglas. Nadie quiere jefes así. La educación y el respeto son esenciales. Y todos sabemos qué ocurre con la motivación de los empleados cuando se les trata de manera injusta.

No olvidemos que el liderazgo debe ser situacional y que depende de las necesidades del equipo. Igual que no llevas el mismo traje todos los días, no te ciñas a un solo estilo de liderazgo. Sé un líder directivo si la situación y el entorno lo requiere, sin timidez pero con sensatez.

 Un hombre que quiere dirigir la orquesta debe darle la espalda a la multitud. (Max lucado)

Seguiremos hablando de estilos de liderazgo en próximos artículos. No te pierdas el mes que viene el estilo delegativo.

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