La importancia de la formación inicial.

La llegada del empleado a un nuevo trabajo

Una de las muchas dudas que tiene una persona cuando se incorpora por primera vez a una empresa es saber si habrá tomado o no la decisión correcta y si terminará encajando en el nuevo trabajo.

En puestos relacionados con el área comercial o la atención al cliente es habitual que después de la firma del contrato, los primeros días de trabajo se reserven para iniciar un proceso de formación con el objetivo de adquirir las competencias que le permitan desempeñar el trabajo de manera eficaz. Y es aquí donde el papel del formador juega una labor importantísima. Tanto es así, que en esos primeros momentos, la destreza que demuestre al impartir la formación, decantará en muchos casos la balanza en uno u otro sentido.

Normalmente es el coordinador, el jefe de equipo o el supervisor quien la imparte; pero otras veces, ésta se deja en manos de un compañero veterano o senior que ya viene realizando ese mismo trabajo desde hace tiempo.

No cabe duda que todos conocen al dedillo la parte teórica de los productos o servicios sobre los que tienen que formar. Sin embargo, ¿dominan también la puesta en escena?

Los primeros 10 minutos son vitales. Los que están sentados al otro lado de la mesa, se forjan una primera idea según lo que dices o cómo lo dices. Y esa primera impresión es casi definitiva. Cuando se aterriza por primera vez en una nueva empresa, no se deja escapar ningún detalle; por lo que es bueno que sepas que en esos primeros momentos estudiarán tus características físicas, los gestos que haces, el lenguaje que utilizas, cómo vas vestido, tu manera de reaccionar a situaciones espontáneas e inesperadas, la capacidad de aguante y autocontrol que tienes… En definitiva, asocian esas sensaciones que les transmite el formador a cómo imaginan su estancia en la empresa en la que acaban de entrar.

Si ven al formador como una persona positiva, segura, que entusiasma y motiva, la traducción que se hace es: “Creo que estaré bien aquí”.  Ahora bien, si lo que trasmite es lo contrario: apatía, imprecisión o inseguridad, la reflexión es: “Esto no hay quien lo venda. Seguro que aquí nadie llega a objetivos”.

Por eso es tan importante ese primer contacto. Quizás para el formador, que ya lleva medio centenar de cursos impartiendo los mismos contenidos, resulta mega aburrido contar una y otra vez lo mismo. Es comprensible. Pero no hay que olvidar que el público es diferente cada vez, y que esa primera impresión de la empresa depende en gran parte de él.

Una acción formativa, del contenido que sea, no sólo requiere que el formador conozca en el tema en profundidad, sino que le guste lo que hace y que domine las técnicas de presentación.

Estos dos artículos profundizan un poco más en el tema:

Pautas para hablar en público (I): los preliminares.

Pautas para hablar en público (II): el desarrollo.

El propósito de esta entrada es repasar 4 simples recomendaciones para contribuir a que esa primera huella sea positiva:

1. ¿Qué esperan de nosotros en cuanto al tiempo?

Puntualidad, respeto por las pausas que se hayan fijado (café, comida…), que se finalice a la hora prevista y desde luego, que el tiempo pase volando.

Si no cumplimos, no podemos exigir que los demás cumplan. Si el primer día empezamos tarde, no esperemos que al día siguiente los asistentes sean puntuales. Si acabamos tarde, tampoco esperemos que los asistentes estén motivados al final de la sesión.

2. Vigila los palabros.

Cuida las palabras que utilizas. Si vas a utilizar una jerga especial, cada nueva palabra debe ir acompañada de una buena definición. No pienses que todo va bien porque no haya preguntas. En muchas ocasiones no se levanta la mano por vergüenza, así que es mejor no dar por hecho que ya las conocen.

3. ¿Cómo hacerlo ameno?

Varía el uso de herramientas, invítales a que participen, involucra en esta participación a todos por igual, cuenta algo divertido de vez en cuando y trata de ser razonablemente simpático y agradable.

4. Controla el silencio.

O lo que es lo mismo, no dejes que el silencio te controle a ti. Es muy habitual caer en ese error. Me explico: cuando se lanza una pregunta, hay coordinadores que se sienten incómodos ante el silencio y empiezan a hablar respondiéndose a sí mismos. Lo indicado es dejarles pensar unos segundos y así darles tiempo a contestar.

En resumen, la formación que se recibe en los primeros días de trabajo no es una etapa cualquiera, sino que es tan importante que puede significar la diferencia entre el éxito o el fracaso del rendimiento de un empleado.

La alta rotación es el coco de los departamentos de personal o RRHH. Y en muchas ocasiones, en las manos del formador está el variar esa tendencia.

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Créditos imagen de portada : © Jetta Productions/Dana Neely/Tetra Images/Corbis

Un comentario

  • Juan Luis

    Me gusta leer los textos que escribes, creo que son muy instructivos y de cada uno de ellos saco conclusiones interesantes….

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